Laura Gil Vattier · Libres y Combativas

Desde Libres y Combativas denunciamos el escándalo de que el Gobierno de Moreno Bonilla haya entregado a Vox competencias fundamentales sobre la atención y valoración de las víctimas de violencia machista. Una decisión gravísima que demuestra, una vez más, que cuando se trata de atacar nuestros derechos, el Partido Popular y la extrema derecha caminan de la mano.

Moreno Bonilla, presidente de la Junta de Andalucía, ha colocado al líder de Vox en Andalucía, Manuel Gavira, al frente de una macroconsejería que incluye Justicia y, con ello, servicios clave como el Servicio de Asistencia a las Víctimas en Andalucía (SAVA) o las Unidades de Valoración Integral de Violencia de Género (UVIVG). Estas unidades están formadas por profesionales de la medicina forense, la psicología y el trabajo social y desempeñan una labor esencial en la protección de las víctimas, la evaluación de riesgos y la adopción de medidas judiciales y de seguridad.

¿Y a quién entrega el PP esta responsabilidad? A un partido que lleva años negando la existencia de la violencia machista, atacando las políticas de igualdad y defendiendo sustituir el concepto de violencia de género por el de “violencia intrafamiliar”. Un partido que se ha dedicado sistemáticamente a cuestionar los recursos destinados a proteger a las mujeres y que llegó a señalar a los profesionales que trabajan en estas unidades calificando su labor de “ideológica”. Rafael Sánchez Saus, exmiembro de Falange Española y nuevo número dos de la Consejería de Turismo y Justicia dirigida por Vox, ha llegado a señalar como “problemas” de nuestra sociedad el acceso masivo de las mujeres al trabajo y el uso de métodos anticonceptivos . Ahora, estos energúmenos son los que tienen el poder de desmantelar estos servicios y tendrán lacapacidad para intervenir en su organización y funcionamiento.

La gravedad de esta decisión es aún mayor si tenemos en cuenta que Andalucía encabeza el número de mujeres asesinadas por violencia machista desde 2003. En una comunidad donde cientos de mujeres han sido asesinadas por sus parejas o exparejas, entregar competencias relacionadas con su protección a quienes niegan esta realidad constituye una auténtica provocación y una amenaza para todas las mujeres trabajadoras.

Durante años han intentado presentarnos a Moreno Bonilla como el rostro “moderado” y “sensato” del Partido Popular, una derecha supuestamente distinta de Ayuso o Vox. Pero los hechos vuelven a desmontar esa mentira. El PP no tiene ningún problema en gobernar con la extrema derecha, compartir su discurso y entregarle parcelas fundamentales de poder. Porque más allá de sus diferencias tácticas, PP y Vox comparten unos mismos objetivos: recortar los servicios públicos, favorecer a los grandes empresarios y propietarios y atacar las conquistas sociales arrancadas por los movimientos sociales, feministas y trabajadores y la juventud. Moreno Bonilla no es una excepción dentro del PP, sino la expresión andaluza de un proceso más amplio de derechización y fortalecimiento de la reacción.

Tampoco nos sorprende. El Gobierno andaluz ya ha demostrado cuál es su modelo cuando están en juego nuestras vidas. El escándalo de los cribados de cáncer de mamapuso de manifiesto las consecuencias de años de recortes, infrafinanciación y privatización de la sanidad pública. Mientras miles de mujeres sufrían retrasos intolerables en pruebas y diagnósticos, la Junta seguía destinando recursos públicos a beneficiar a empresas privadas. Para el PP, los beneficios de unos pocos están por encima de nuestras vidas. La respuesta en las calles, en las multitudinarias manifestaciones de las feministas en Andalucía denunciando a Bonilla como el criminal que es, nos muestra el camino.

Los derechos de las mujeres están en el punto de mira de la extrema derecha. Vemos cada vez más como nuestros derechos no están garantizados bajo este sistema. Vemos como a la mínima que pueden estos reaccionarios atacan el derecho al aborto, a la libre elección sobre nuestros cuerpos, atacan las leyes sobre el consentimiento y las agresiones sexuales, etc. Pero también sabemos que estos derechos de las mujeres no han sido regalos de ningún Gobierno: han sido conquistados mediante años de organización y lucha, han sido fruto de la fuerza del movimiento feminista. 

Desde Libres y Combativas lo tenemos claro: frente a la extrema derecha, necesitamos construir un movimiento feminista antifascista y revolucionario. Sabemos que la manera de combatir esta amenaza, la manera de combatir a la extrema derecha no es con el antifascismo de postín de Pedro Sánchez sino con la organización consciente del conjunto de la clase trabajadora.

Necesitamos recursos públicos, profesionales suficientes, puestos de trabajo y viviendas dignas y protección real para las víctimas, y necesitamos expulsar a los negacionistas de cualquier responsabilidad sobre nuestras vidas. En Andalucía y allí donde nuestros derechos se vean atacados, las feministas revolucionarias estaremos respondiendo a cada ataque y provocación con movilización y organización antifascista. 

¡Ni un paso atrás! ¡Organicémonos contra la Junta de PP y VOX! ¡Nuestros derechos se defienden luchando en las calles!

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