Gema Franco · Libres y Combativas Madrid
¡Se acabó la impunidad y su doble violencia contra nosotras!
Ojalá llegue el día en que las noticias sobre que la judicatura investiga a quien tiene que investigar y que persigue a quien tiene que perseguir dejen de ser una excepción.
El 15 de junio de 2026 conocíamos que la Audiencia Provincial de Valencia condenó a ocho años y medio de prisión al futbolista Rafa Mir por una agresión sexual y lesiones a una joven el 1 de septiembre de 2024 en su domicilio de Bétera. La joven iba acompañada de una amiga, que también fue agredida por otro futbolista, Pablo Jara, quien también recibió una pena de dos años y medio de prisión por su implicación en los hechos.
Más allá de las penas de cárcel, la resolución judicial incluye una medida que resalta la violencia institucional que ejercen los cuerpos policiales contra las mujeres que sufrimos violencia sexual, ya sean los policías que intervienen en los hechos, que nos toman declaración, que tienen que “acompañarnos”…
Esta medida es la solicitud de una investigación penal a los tres agentes de la Policía Local de Bétera que aportaron en el juicio una versión exculpatoria del acusado. El Tribunal solicita que se deduzca un presunto delito de falso testimonio. La sentencia recoge que “el tribunal considera necesaria una investigación de este comportamiento mediante la oportuna deducción de testimonio, dada la flagrante contradicción de su versión con la de las denunciantes, a las que atribuimos prevalencia probatoria”.
El relato de las víctimas destapa una realidad indignante: tras haber sido atacadas y expulsadas desnudas de la casa tras la agresión sexual—llegando los futbolistas a tirarles la ropa por encima de la valla como si fueran cosas—, las jóvenes se encontraron con la absoluta indiferencia de los policías.
En lugar de socorrerlas, ofrecerles protección y activar el protocolo correspondiente, los agentes mostraron una complicidad descarada con los futbolistas, llegando a reírse y bromeando con los propios acusados en las puertas del chalet mientras las víctimas se encontraban en una situación de total vulnerabilidad y desamparo. Como los policías se contradijeron por completo durante el juicio, los jueces han creído el testimonio de las jóvenes y han ordenado que sean investigados.
Como era de esperar, el futbolista Rafa Mir ya ha manifestado públicamente que no está de acuerdo con el fallo y ha anunciado que emprenderá acciones legales, agotando todas las vías de recurso posibles ante el Tribunal Superior de Justicia y el Tribunal Supremo en un intento desesperado por eludir la cárcel.
Sabemos que si la Audiencia de Valencia ahora pide que se investigue a los policías no es porque de repente la judicatura española se haya vuelto feminista, sino porque el trato machista de estos fachas con placa ha sido tan descarado que es imposible ocultar. La policía y los agresores machistas forman un binomio criminal. No solo es que unos protejan a los otros, sino que la Policía y el Ministerio del Interior está llena de comisarios, agentes, directores adjuntos… que acosan, violan humillan y maltratan tanto a sus parejas como a sus compañeras. De hecho, la Policía archivó la mitad de las denuncias internas por acoso sexual en tres años y éstas se han duplicado en los últimos cuatro años. ¡No son casos aislados! ¡No son “elementos descontrolados”: el machismo está en el ADN del aparato del estado.
Desde Libres y Combativas estaremos firmes, vigilantes y en alerta en cada paso que dé este proceso para asegurarnos que no sólo el agresor recibe un castigo ejemplar sino que los policías cómplices con su actuación no queden impunes.
Este caso demuestra, de la forma más cruda, la desprotección real a la que nos enfrentamos a diario: ¡Ya está bien! Si sufrir la agresión ya es devastador, la desprotección se vuelve total en los despachos y comisarías. El sesgo de minimizar la violencia y culparnos se agrava cuando lo ejerce la policía; si quienes deben protegernos nos miran con sospecha y se alían con los agresores, el Estado se convierte en un segundo agresor.
Esta violencia institucional busca anularnos y garantizar la impunidad. Si el aparato policial ampara a los agresores, nos tendrá enfrente. Frente a su violencia machista, nuestra única respuesta es la defensa colectiva y la acción organizada. Ya no somos víctimas pasivas de este sistema; somos la fuerza que lo va a derribar. Si a ti también te quema la rabia, rompe el silencio, toma la calle y lucha con nosotras.





