Los pasados 26 y 27 de enero tuvo lugar en Valencia el V encuentro estatal de la comisión 8-M en el que nos reunimos cerca de 500 mujeres de los diferentes territorios del Estado.

El evento - celebrado apenas a un mes y medio de la próxima huelga del 8-M -  no ha sido ajeno al extraordinario desafío que la rebelión de las más oprimidas ha supuesto para el sistema y para quienes, desde su posición de poder en escaños, ocupando sillones en los consejos de administración de la banca o el Ibex 35, sacan rédito económico e ideológico de la postración de las mujeres de la clase obrera. La madurez y determinación con la que los sectores más explotados y golpeados de las mujeres han levantado la bandera de lucha contra el sexismo y la violencia que se ejerce diariamente contra nosotras, la austeridad y la precariedad, está empujando al movimiento feminista a dilucidar sobre con qué métodos de lucha podemos avanzar y contra quién tenemos que dirigir nuestras fuerzas para conquistar nuestra emancipación.

De esta manera el encuentro ha vuelto a poner de relieve debates decisivos que recorren el movimiento feminista y lo dividen de manera irreconciliable. Por un lado quienes queremos impulsar la lucha y la organización del movimiento entre las mujeres oprimidas, las de clase obrera, mano a mano con el resto de sectores explotados de la sociedad para desafiar consecuentemente la opresión machista y clasista del sistema capitalista. Al otro lado quienes abogan por un movimiento transversal que omite la opresión de clase de la mujer trabajadora. Colocando la mujer en abstracto por encima de la clase e ideología. Y de esta manera, abriendo la puerta para que la derecha, empresarios y la clase dominante encuentren un espacio cómodo para colar ideológicamente sus intereses en nuestro movimiento con el fin de asimilar la lucha feminista y hacerla inofensiva ante el sistema.

¡Fuera el lobby proxeneta de nuestro movimiento!

Desde Libres y Combativas hemos denunciado insistentemente en el seno de la comisión del 8-M que las encargadas de organizar los debates impongan silencio ante una de las formas más terroríficas de violencia y machismo para las mujeres pobres como es la esclavitud sexual de la prostitución, así como la censura para quienes manifestamos una postura abolicionista.

Mantener esta posición por parte de las moderadoras y organizadoras de la comisión no sólo silencia e invisibiliza a las más de 600.000 mujeres que están encerradas en burdeles por la mafia proxeneta en el estado español, que son traficadas, violadas y torturadas a diario sin posibilidad de denunciar, sino que además da vía libre a la campaña que el lobby proxeneta está tratando de llevar adelante para presentar sus negocios criminales como una actividad económica respetable. Hasta el punto existe esta táctica consciente que en el encuentro de Valencia se nos pretendió hacer tragar con la participación de las integrantes del organización-tapadera pro regulacionista “OTRAS” como “compañeras y hermanas de lucha y de opresión”.

Las compañeras de Libres y Combativas denunciamos esta injerencia del lobby proxeneta en los espacios y debates del movimiento como un intento de usar el feminismo para blanquear la violencia de la industria de la explotación sexual y reproductiva así como exigimos su inmediata expulsión del encuentro y el posicionamiento abolicionista por parte de la comisión 8M.

Tal y como explicamos,  “OTRAS” no es un espacio de autoorganización de mujeres que son prostituidas, sino una portavocía de la mafia-patronal de la industria del sexo para legalizar la esclavitud sexual. Quizás esto explique por qué “OTRAS”, a pesar de que ha recibido más de 25.000 euros en subvenciones del ayuntamiento de Barcelona, no se ha manifestado contra los casos flagrantes de impunidad que han dejado al descubierto la connivencia del aparato del Estado con la trata y propietarios de prostíbulos, como el caso “Carioca”, o que los asesinatos de mujeres prostituidas sean invisibles, sino que ha centrado toda su actividad en vendernos las bondades de la prostitución. Quizá también explique por qué su portavoz, Concha Borrell, vive de cobrar 90 euros por “cursos prácticos de formación a prostitutas”. En su página web aparecen otros cursos realizados por la asociación-empresa de la que es propietaria, como “Hazme la mamada de tu vida”, un curso solo para hombres que cuesta 60€ y tiene 90 minutos de duración, y cuya información decía lo siguiente: “Muchos de vosotros os quejáis de que las santas, e incluso algunas putas, no os la chupan bien. Creemos que no es tanto un problema de que no sepan usar su boca y su lengua, si no que no sabéis dirigirlas. Os dejáis llevar por el placer que sentís, pero no os dais verdadera cuenta de qué os produce un extraordinario deleite. Este taller, como el resto de los que organizamos, es práctico. Es decir, las mamadas serán verdaderas. Nada de dildos, ni platanitos, ni pepinos, que están bien para morder, pero para chupar siempre apetece más una polla en toda su extensión.” ¿Acaso no es esto proxenetismo encubierto? Sin embargo, el escándalo mayúsculo de abrir de par en par las puertas del encuentro al Lobby proxeneta y a sus voceras no quedó solamente ahí.

Lo más grave es que cuando las compañeras de Libres y Combativas exigimos que las defensoras del tráfico y explotación sexual de mujeres no tenían cabida en nuestros espacios de organización y de lucha, fuimos nuevamente censuradas mientras las moderadoras se apuraban a arreglar una sala para que las portavoces del lobby proxeneta pudieran explicar sus reivindicaciones y hacer campaña por la legalización de la prostitución.

Las organizadoras y moderadoras del encuentro, algunas de ellas vinculadas a “anticapitalistas”, al PCE, a CCOO y otras directamente defensoras del feminismo transversal justificaron esta bochornosa maniobra bajo el pretexto de que “todas tenemos que escucharnos” y que son igual de válidas las opiniones de todas las mujeres en el feminismo. Una posición que desde Libres y Combativas nos negamos en rotundo a aceptar. No todas las mujeres somos iguales. Este gran movimiento se ha puesto en pie por la lucha de las oprimidas, de las trabajadoras, de las explotadas y no es patrimonio de los intereses de las mujeres que detentan una posición de poder en esta sociedad, de las multimillonarias que se privilegian y se enriquecen a nuestra cosa. ¿Tendríamos que respetar de la misma forma la opinión de la jueza que con su voto favorable dejó en libertad a La Manada que la de la víctima de la violación múltiple perseguida por la justicia patriarcal? ¿Tendríamos que aceptar por igual en nuestro movimiento la posición de la presidenta de la patronal exigiendo que la reforma laboral favorezca la no contratación de las mujeres en edad de quedarse embarazadas que la de una Kelly defendiéndose contra la precariedad? ¿Es igual de legítima la voz de Ana Patricia Botín que la de una mujer pobre desahuciada por su banco? Pues por los mismos motivos no aceptamos que mujeres que se enriquecen con el tráfico y la explotación sexual de otras mujeres encuentren en nuestro movimiento una bandera para legitimar socialmente sus negocios.

¡La esclavitud sexual no es un trabajo!

Muy al contrario, este movimiento tiene que ponerse al servicio de la defensa genuina de las víctimas de la esclavitud sexual. Pero esto no se puede a hacer tratando de humanizar o normalizar su situación de pobreza, extorsión y violencia extrema con el eufemismo de “trabajadoras del sexo”. Una argucia con la que lamentablemente las organizadoras del V encuentro estatal trataron de introducir por la puerta de atrás la regularización de la prostitución en las reivindicaciones programáticas de la huelga en un plenario sin posibilidad a abrir turno de palabras para rebatir o corregir esta posición.

Esta postura es precisamente la correa de transmisión para diseminar los intereses de los proxenetas al presentar como una actividad económica respetable que se pueda sacar beneficios de la cosificación, deshumanización y la compraventa del cuerpo y la sexualidad de las mujeres. La única forma de poder garantizar los derechos y dignificar las condiciones de vida de las prostitutas, de sacarlas de la situación de extremo riesgo que viven y su situación de vulnerabilidad es asegurar que sus condiciones materiales les permiten la independencia económica que haga posible que no dependan de nada ni de nadie, que haga posible que no tengan que vender su cuerpo para subsistir y que no tengan que callar ni aguantar nada contra su voluntad. Es decir, defender abiertamente un programa de lucha para acabar con la austeridad, la precariedad, el desempleo que nos golpea con especial dureza a las mujeres de la clase trabajadora y que garantice unas condiciones de vida dignas. Pero también apuntar y desenmascarar a todos y todas los que sacan provecho de la explotación sexual y el tráfico de seres humanos  sus cómplices en aparatos policiales, juzgados, y gobiernos.

¡Por un movimiento de liberación de la mujer trabajadora genuinamente combativo, revolucionario y anticapitalista!

Desde Libres y Combativas entendemos que este punto, la defensa de los derechos de las prostitutas y la lucha contra quienes se hacen ricos a costa de explotarlas y esclavizarlas tiene que ser una de nuestras reivindicaciones. Por nuestra parte estamos poniendo todo nuestro empeño para que el 8 de marzo seamos millones de mujeres jóvenes y trabajadoras en pie de guerra contra el sistema capitalista, contra su violencia machista y patriarcal, contra la derecha y sus aliados, contra los que recortan nuestros derechos sociales y democráticos, contra los parásitos y parásitas que viven de explotarnos cada día. 

Sabemos que la lucha es la única forma para conquistar nuestros derechos porque nuestra emancipación nunca vendrá de los parlamentos, ni de los pactos de Estado ni será una concesión graciosa de los poderosos. La conquistaremos, luchando junto a nuestros compañeros – el resto de los oprimidos -  por transformar la sociedad

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