A principios de junio descubríamos que la residencia en la que vivimos, la Flora Tristán iba a echar el cierre.

A principios de junio descubríamos que la residencia en la que vivimos, la Flora Tristán iba a echar el cierre. Una residencia estudiantil diferente a esas residencias privadas para pijos y señoritos, pues la Flora es uno de los últimos proyectos de vivienda pública en Sevilla que permite en una situación de crisis total de la vivienda que cientos de estudiantes puedan acceder a un piso y que a su vez es un proyecto de intervención social en uno de los barrios obreros más deprimidos, abandonados y marginados de Europa: Polígono Sur.

Un cierre excusado por la falta de financiación, de rentabilidad económica y ya a última hora, un intento de privatización (cesión demanial concretamente) a una fundación privada dedicada al lucro con las residencias de ancianos, Gerón. Nosotros lo teníamos claro, era un ataque a un barrio obrero, al derecho a la vivienda, a la universidad pública y a los servicios públicos en su conjunto. Por desgracia el rectorado de la Universidad Pablo de Olavide, dueña de la residencia, en lugar de ser consecuentes con sus discursos sobre defender la universidad pública, asumió la lógica de recortes de la Junta intentando cerrar la residencia tal y como la conocemos y cederla gratis a una empresa privada de forma sibilina y entre bambalinas.

En aquel momento, los residentes, con el apoyo de vecinos y de organizaciones del barrio y la ciudad nos constituimos en asamblea y organizamos un encierro. El edificio fue tomado por los residentes y puesto bajo nuestro control. Durante más de un mes mantuvimos un encierro en el edificio acompañado de ruedas de prensa, manifestaciones en el barrio, jornadas de lucha y protestas en el pleno del Ayuntamiento de donde fuimos expulsados por luchar por nuestras casas.

Esto habría sido imposible sin la implicación consciente del vecindario, que en seguida comprendió que el ataque a la Flora era un ataque más contra los barrios obreros. La implicación y la extensión de la lucha, que ha contado con el apoyo de decenas de asociaciones, colectivos y organizaciones políticas de la ciudad de Sevilla, ha sido el mejor golpe que hemos podido darles a quienes pretendían privatizar nuestra residencia.

Nuestra primera victoria fue echar a Gerón. La ''fundación'' dedicada al lucrativo negocio de las residencias y de sobra conocida por sus escándalos y explotación se quedaba fuera. Pero no era suficiente, queríamos que nuestra casa no cerrara. Lo teníamos claro, queríamos y lucharíamos por dinero público para lo público. Y tras más de un mes de pulso, podemos decir que lo hemos conseguido.

La siguiente victoria fue la garantía de que los trabajadores no perdían sus puestos de trabajo. Tras no sacar a licitación sus contratos e incluso llegarle a plantear a ciertos trabajadores que ''apañaran los papeles con sus empresas'', asumiendo hasta la totalidad la lógica de la subcontratación y dejando a padres y madres de familia del barrio con la incertidumbre de tener que verse en la cola del paro. Gracias a la lucha y unidad de los trabajadores, estudiantes y vecinos la UPO ha tenido que mantener sus puestos de trabajo.

En esta lucha, la universidad nos ha abandonado y menospreciado, sin dar una sola comunicación oficial, sin aclararnos si el curso que viene tendríamos un techo o no. Incluso el rectorado ha enviado a mediadores en lugar de venir a hablar con los estudiantes directamente, ha planteado una y otra vez que el edificio estaba en una situación ruinosa, lo que servía de excusa barata para cerrarlo o deshacerse de él, y aunque no negamos el abandono que sufre, todo lo que era inmediato era simplemente cambiar extintores y luces de emergencia, un simple mantenimiento tras años de dejadez. Y sobre todo ha dejado a decenas de estudiantes en la incertidumbre de perder la vivienda que habitan y tener que abandonar sus estudios, situación que si ha tenido solución ha sido por la lucha de los propios residentes. Hay que ser claros: no se puede tener un discurso en defensa de la universidad pública y a la vez ceder ante los brutales recortes de la Junta y abandonar a los estudiantes en lucha.

Finalmente, tras decenas de asambleas y más de un mes de lucha la UPO ha tenido que acceder a nuestras reivindicaciones. La diputación de Sevilla aportará un millón de euros para sostener el proyecto, lo que implica que los planes de privatización y la entrada de la Flora en el mercado privado han sido frenados. Y esto se ha logrado gracias a la lucha. Con ese dinero se acometerán las obras necesarias para acondicionar el edificio y los estudiantes podremos volver a nuestros pisos en octubre, al mismo precio y sin represalias por la lucha. A aquellos que no tienen un piso hasta entonces se les ha ofrecido también alternativa habitacional.

Hace un mes cerraban la Flora, nos echaban a la calle y los trabajadores se veían sin trabajo. Hoy podemos decir que hemos ganado. Nos quedamos en nuestras casas, los compañeros trabajadores en sus puestos y el proyecto sigue en pie.

Toda la organización y lucha no pasará en valde, en septiembre volveremos a la lucha, tanto por la educación y universidad pública como por nuestra residencia. Velaremos porque se cumpla todo lo que hemos ganado y porque la Flora vuelva a ser un proyecto de calidad y público, garantizando más de 100 pisos para estudiantes, apoyando al Polígono Sur y siendo un referente de lucha por lo público y la vivienda.

De nuevo, y como ya se demostró en la gran lucha que dieron los vecinos de la Calle Verdad junto a Barrios Hartos, rescatando un bloque entero de manos de un fondo buitre para el parque de vivienda público y manteniendo los alquileres de 11 familias obreras, la lucha es el único camino. Y sobre todo, la lucha de nuestra clase paga.

¡La Flora no se cierra! ¡Vencimos!

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